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Estudia medicina Destacado

Escrito por  31 Enero 2015 ¡Escribe el primer comentario!
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Cuando cumples los dieciséis años te comienzas a plantear las cosas de otra manera. "Tan solo me quedan dos años para la libertad", dicen muchos. Para irse de casa sin tener que aguantar a tus padres, para hacer nuevas amistades, para "hacer lo que te dé la gana". Porque los dieciocho son increíbles, ¿verdad? Pero eso no siempre significa felicidad. Esa cierta libertad de mayoría de edad llega con un enorme peso de independencia y responsabilidad. Pero no la independencia de ser libre y no necesitar a tus padres, sino la independencia de tener que tomar las riendas de tu vida sola, así como grandes decisiones.

Llega la gran pregunta que todo el mundo te comienza a hacer: "¿Qué quieres ser de mayor?" La verdad, piensas en todos los trabajos que se te habían ocurrido mientras estabas en el colegio, desde jugadora de baloncesto profesional a carnicera. ¡Carnicera! Me encantaba ver cómo cortaban las pechugas de pollo, pero ese es otro rollo. Es entonces cuando esa pregunta tan común formulada por todo tipo de persona que quería sacar un tema de conversación empieza a variar, y se convierte en un "¿Qué quieres estudiar?." ¿Hay que estudiar para carnicera? Ves como esos "mayores" del instituto tienen que estudiar "mucho" al final, para acabar haciendo lo que les gusta.

Lo que les gusta sí, lo que les gusta. Porque entonces llegó la crisis, y ahí es cuando te empiezas a hacer mayor de verdad. Cuando ves los problemas sin ese cristal de arcoíris y ves que hay mucha gente infeliz. Te hablan de corruptos y ni siquiera conoces esa palabra, te hablan de atentados y piensas que es tan solo gente atenta, o incluso carniceros sin trabajo, que era el tema importante. Ves la preocupación en las caras por la calle, personas importantes de tu vida se van y ves cómo el muro que te hacía ver a tus padres como héroes se va derrumbando. No te das cuenta de lo que ocurre hasta que lo ves a tu alrededor.

Tras esos descubrimientos, escuchas que hay gente que te dice: "Estudia derecho, que te pagarán bien", "Estudia para médico, que tiene futuro." ¿Futuro? Futuro. Entonces ahí te planteas, no qué quieres hacer con tu vida, sino cómo te gustaría pasar el resto de tu vida. Que sí, que estudiar medicina o derecho puede darte un trabajo seguro o no, pero no te garantiza la felicidad. Por esto, me dije, no me guiaré por los porcentajes inciertos de trabajo asegurado, ni me fiaré de esa cursilería de hacer caso a mi corazón, sino que pensaré con lógica y haré lo que yo crea que me hará más feliz.

Entonces llega bachiller. "Bachiller ya no es la ESO, ojo". ¡Cuántas veces nos habrán dicho eso! "Es un gran cambio." En general, meter miedo no ha faltado. Pero tu vida sigue siendo exactamente igual en ese aspecto. Después, comienzan a llegar los grandes discursos de la terrible PAU. Están los que dicen que es dura y los que dicen que no es nada y, hasta que no te presentes allí, no tendrás ni idea. Luego, aparecen los largos papeles con las notas de corte y te crees que esa prueba puede cambiar tu vida. ¿Y si no me llega la nota? Que haría entonces si no puedo estudiar lo que me gusta verdaderamente. Ya no quiero ser carnicera, ni médico ni abogada, y probablemente lo decidiré en el último momento. Pero algo que sé, como dijo Sócrates, es que no sé exactamente lo que estaré haciendo en el futuro. Seguro que suceden miles de alegrías y desgracias, así como atentados o gente atenta, y si no acabo como yo realmente esperaba, entonces que sea porque el camino que me hacía feliz era el erróneo y no porque alguien que no era yo decidió por mí lo que yo no deseaba.

photo credit: El cerdo y el carnicero / The pig and the butcher via photopin (license)

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Literalmente sería la transcripción al castellano de la palabra griega κουκουβάγια que significa lechuza o mochuelo. La lechuza es el animal que acompaña a la diosa Atenea, protectora de Atenas y símbolo de la sabiduría.