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El sol se pone por el oeste Destacado

Publicado en Antiguos alumnos
Escrito por  18 Mayo 2015 ¡Escribe el primer comentario!
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Querido Alejandro y tus tabús (digo tuyos, porque como verás, yo no tengo ninguno);  y querida Daniela y tu miedo al frio eterno (tuyo porque aún no sabes lo que supone el placer de morir en vida con lo que ello conlleva, ese sí que sería mío); y querida Cecilia y tu vida sana (oh, sí, sobre todo a ti); y a ti Jimena y tu reloj (el tiempo siempre tiene hueco en mi jardín); y a ti Laura (sé bienvenida también); y a ti querido profesor, perdón por meter a todos tus alumnos en el mismo saco, del que un día yo misma me escapé.

Estoy segura de que a todos, los mencionados y no, os suena esto: el sol se pone por el oeste (es lo que tiene compartir profesor); pero el sol también se pone hasta arriba de coca en el servicio de cualquier antro de la ciudad, mientras la chica que le pone, y deberíais ver cómo le pone, baila en la pista, subida en unos tacones y con los labios rojos, con sus 21 años espera que alguien le ponga el corazón en su lugar (Laura, con 21 años se puede ser la chica de la barra del bar que toma tekilas hasta perder el cocimiento compartiendo cama con el sol, y levantarse los lunes para ser el mejor expediente de su promoción de la universidad, se puede); quizá porque se ha cansado de que todos la traten como unos labios rojos que llevarse a la cama, sin tan siquiera ponerse en su lugar. (Alejandro, con 12 años, la chica que te habla dormía en la cama de quien no debía, por un poco de amor que no supieron darle; y Daniela, cuando tu mundo se va por la mañana después de pasar la noche haciendo el amor, tu corazón deja de latir, y la sangre se congela, por muchas mantas que te pongas, ya nada te hará entrar nunca en calor.)

Puede que esa chica no tenga más don que el de ser siempre la sonrisa más triste del bar, la que se pone a reír cuando se queda encerrada en el ascensor con el vecino buenorro, por no reconocer su miedo a los espacios cerrados, o porque como de costumbre va enseñando su alma a quien quiera verla desde la lejanía y en los espacios pequeños se siente vulnerable. La que ni el aguardiente consigue calentar; la que no se pone reloj porque no tiene que llegar a ningún sitio, porque nadie la espera y quien lo haga sabe que merecerá la pena.

Puede que ese milagro llamado genética, no me haya dado ningún don, más que el de la palabra, supongo que escribo porque nunca supe cómo llorar mis penas en la quietud de mi almohada, tampoco me ha hecho profesora de literatura, para demostrar la versatilidad de las palabras, pero estoy segura de que muchos me preferiréis ante la cuarentona que se siente frente a vosotros en clase explicando cómo analizar frases. (Querida profesora de literatura, aún estoy esperando el emocionante momento de mi vida cuando necesite tan inútil conocimiento). Yo también prefería una veinteañera con una copa de vino que escribiese poesía y vagase por el mundo en busca de su lugar.

Ojos tristes que se ponen con el sol de cualquier mañana de invierno. Amapolas que florecen en el corazón que menos te lo esperas.

Puedo ser la chica que antepone su gato ante cualquier cosa, porque es el único capaz de calentarme el alma y arrancarle orgasmos a mi corazón. (Laura, voy a por ti). La misma de la que nunca nadie estuvo orgullosa, porque no valía para su carrera, y aun así llovían las becas por excelencia académica, las buenas notas y las matriculas en los exámenes. Eso a veces no es suficiente y también te hiela el corazón.

Ahora me diréis que no tengo nada de especial, y eso es precisamente lo que me hace única, hacer el amor con el sol cada noche, a ver quién le pone más, si el tal oeste ese o yo; unir todos los temas que os preocupan una carta a mí misma, que mañana leeré y ya no tendrá sentido para mi corazón porque se habrá encaprichado con otros ojos y éstos ya no le importarán; o quizá la leeré después de tantas antologías que ya no me acordaré de cómo leer y necesitaré que las amapolas me canten.

Se puede ser la chica del tekila y la de la biblioteca; se puede detener el tiempo para que las manecillas corran a tu favor; se puede beber hasta perder el sentido en cualquier cama y sacar matriculas de honor; se puede estudiar aun cuando tus padres no dan un duro por ti; se pueden comer hamburguesas y estar en extrema delgadez [que por cierto, como parte de ese grupo de chicas a las que ahora se nos dice que no somos reales: mis 55 kilos y mi más de metro 70, mis horas diarias de gimnasia y mis estudios, os damos la enhorabuena. Yo me sigo viendo en los espejos y aun puedo tocarme, creo que aun soy real]. Que se puede hacer filosofía sin querer y se puede brillar como el sol sin proponérselo.

 

P.D.; si alguno quiere que le conteste a su entrada más extensamente, adelante! tengo argumentos para todos.

 

aamapola (:

amaapola

Desde aquel día el se enamoro de ella, queriendo plenamente sus monstruos, sus inseguridades y su mal genio.

Ella amaba por los dos, en silencio solía repasar todos aquellos bonitos momentos que al recordarlos le llenaban el corazón, estaban locos el uno por el otro, sin puntos suspensivos, sin punto final.

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¿Qué es Cucuvaya?

Literalmente sería la transcripción al castellano de la palabra griega κουκουβάγια que significa lechuza o mochuelo. La lechuza es el animal que acompaña a la diosa Atenea, protectora de Atenas y símbolo de la sabiduría.