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Ahogados

Publicado en Ética
Escrito por  04 Junio 2015 ¡Escribe el primer comentario!
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Estaba pensando el otro día sobre qué podía hacer el artículo. No se me ocurría nada y la inspiración no llega. Pero va a ser verdad eso de que “Las cosas llegan cuando las dejas de buscar”.

Allí estaba, en plena portada, “Los montañeros Asturianos de Nepal siguen vivos”, y una foto suya.

En un principio dije “Menos mal, me alegro por ellos” pero luego, dándole dos vueltas, pensé: ¿Y dónde queda la información de los miles de muertos y heridos nepalíes, que siguen ahí, luchando cada día?”

Al igual que, aquellos barcos del mediterráneo, donde cientos de cadáveres flotaban en el mar, tras haber muerto por ir escondidos para viajar en condiciones infrahumanas, que tampoco parecía interesar.

¿Sabéis por qué? Porque esos muertos, no importan.

No estoy generalizando, ni mucho menos me incluyo, pero al parecer, si no es la muerte de una persona española, blanca en este país no se mueve un dedo.

Queramos o no, y es muy triste decirlo, hay personas de segunda, e incluso de tercera. Es el egoísmo en estado puro.

¿Os acordáis del pánico del ébola? Cómo España se revolucionaba por una enfermedad que miles de millones de personas sufren hoy en día en el continente africano, pero claro.

En países de segunda.

En países donde los problemas están demasiado lejos como para preocuparnos, donde personas ajenas a nosotros sufren, pero no importa. O parece no importar. Porque no son nosotros. Porque somos una nación de ojos ciegos, donde todos escuchamos pero no oímos, y donde hablamos pero no transmitimos.

Donde no nos importa pasar por encima de quien sea para llegar a la cima.

Oyes a cientos de padres hablar sobre que sus hijos están trabajando en Londres, o Ámsterdam, o en Berlín, en países que no son el nuestro, pero que luego se escandalizan y indignan porque inmigrantes vengan “A quitarnos el trabajo”, la mayoría de las veces forzosos, que los españoles no quieren.

Es duro de leer y más de entender, pero cada vez vemos menos, odiamos más, queremos poco y nos interesamos todavía menos. No digo ahora, ni en diez años ni en treinta, pero este odio no va a acabar bien.

A veces, no nos damos cuenta, no nos damos cuenta de que todos vamos en el mismo barco. Africanos, Europeos, Americanos, Asiáticos y Oceánicos. Más allá de las barreras, las fronteras, los países y las lenguas, todos vamos en el mismo planeta, en el barco que nosotros mismos estamos hundiendo.

Porque el problema aparece cuando no todos tenemos el mismo billete.

Lo estamos hundiendo.

Y nos hundiremos con él.

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¿Qué es Cucuvaya?

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