Años Destacado

Publicado en Antiguos alumnos
Escrito por  20 Octubre 2015 ¡Escribe el primer comentario!
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Has cambiado mi rutina. Mis noches. Mis ilusiones. A mí. Por completo. Y sigues haciéndolo.

 

Han pasado meses desde que comencé a sostener tu mano llena de años mientras miras hacia otro lado, como si la vida ya no fuese contigo, o al menos no la mía. Como si esos ojos verdes ya no me perteneciesen como han hecho los 21 años que he vivido en este mundo.

Tranquilo, yo puedo recordar cada segundo que he vivido a tu lado por los dos, aunque a ti se te haya olvidado que te pertenezco, que has sido tú quien me ha hecho ser quien soy con tus consejos, con tus miradas. También sé que parte de las arrugas de tus manos me pertenecen, a mí y a mis travesuras; y te prometo atesorarlas el resto de mi vida.

Claro que para esto no te preparada nadie, es más importante saber de dónde viene el mundo, hacia dónde van nuestras vidas o lo que hicieron personas importantes en la suya, es más importante que enseñarnos a darle rumbo a la nuestra cuando quien te cantaba canciones para dormir se ha olvidado de quién es; de quién eres.

Claro que para eso no te prepara nadie, para sostener los años entre las manos, suplicando a un dios que no existe que no los haga pasar más; que te dé una tregua, un tiempo muerto, o un último momento de lucidez para que te susurren un “te quiero” que tarde o temprano se va a acabar.

 

Yo recordaré por ti

siempre y cuando eso sea posible.

Yo moveré montañas

para devolverte la luz del sol cada mañana,

yo lo haré, yo seré tu memoria

aún cuando ni si quiera a ti te importe ya

aún cuando no sepas ni quién es

quien te está devolviendo las mañanas,

quien te esta sujetando los años

con fuerza,

con miedo,

sin fuerza, muerta de pánico.

 

 

Confieso que he vuelto a tener miedo, pero no el tipo de miedo que tu asustabas por las noches con tus canciones,

ni el miedo de hacer algo mal, del castigo,

ni del tipo que se tiene cuando lo pierdes todo, cuando alguien te deja,

miedo de ese del que tú me hablabas, del que se cuela en los huesos  y no te deja respirar por las noches,

ahogándote en tus propios pulmones, en tu propia sangre.

Nuestra sangre.

 

Estoy segura que ese era el miedo del que me hablabas en las noches de tormenta, cuando dejabas que el perro durmiese en mi alfombra a escondidas. Tiene que ser el mismo. Ha de serlo.

Y aunque tú ya no seas tú, y el perro que me cuidaba también me haya abandonado, sabes que podré con esto. Por ti y por todos tus sueños. Por la ilusión que no dejas de tener cuando alguien desconocido para ti te coge la mano y te susurra que vamos a estar bien. Cuando ese alguien desconocido es una parte de tu vida, una pequeña, pero lo es, lo soy.

 

Sé fuerte.

 

Yo seguiré coleccionado poesías que leerte por la tarde. Algunas anónimas, otras propias, otras que ni siquiera vas a escuchar. Te contaré que incluso sin reconocerme, me has seguido enseñando cosas importantes, ya sé que solo importa aquello que quieres, que los chicos, el trabajo, el cigarro de después, las copas de vino, los bailes en cualquier bar, el carmín… que todo eso es lo de menos y yo soy lo de más.

 

Apriétame la mano fuerte cuando entre el miedo.

Como hacía yo.

 


 

 

Y sobre todo, sonríe.

Sigue haciendo que tu mujer sea la reina de la casa, que nunca le falte el beso de buenas noches, que ella pueda seguir cuidándome ahora que tú ya no me puedes recordar.

Sigue teniendo ese brillo en la mirada de quienes nunca se arrepienten de nada, porque la vida se ha hecho para ellos y no al revés.

Y sobre todo, haz que yo sea como tú, que sepa amar por encima de todo lo demás, que sepa sobrevivir a la vida y no al revés, que nada ni nadie me pueda, porque me haga(s) fuerte.

 

Y, aunque ya no recuerdes nada, te recordaré todos los días que yo puedo almacenar recuerdos por los dos. Y sueños. Ilusiones. Miedos. Pasiones. Amores. Luchas. Sonrisas.

 

Solo recuerda, que en tus olvidos, lo has conseguido todo en la vida. Yo sostengo tus años. Tu solo sonríe, siempre.

 

 

 

                                                                                              amaapola

 

 

photo credit: Gladiator via photopin (license)

amaapola

Desde aquel día el se enamoro de ella, queriendo plenamente sus monstruos, sus inseguridades y su mal genio.

Ella amaba por los dos, en silencio solía repasar todos aquellos bonitos momentos que al recordarlos le llenaban el corazón, estaban locos el uno por el otro, sin puntos suspensivos, sin punto final.

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