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¿Sabemos lo que comemos?

Escrito por  17 Abril 2016 ¡Escribe el primer comentario!
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Últimamente, los medios de comunicación parecen bombardearnos con publicidad que, aparetentemente, trata de incitar a los telespectadores a "llevar una vida mucho más sana". Demasiado bonito par ser verdad, ¿no crees? Pues, efectivamente, no todo lo que aparenta ser color de rosa resulta serlo.

 

Durante muchisimos años la televisión, la radio y los catálogos, tratan de vendernos productos en absoluto perjudiciales para nuestra salud y la de los nuestros. Seguramente nuestros padres recuerden incluso, los anuncios televisivos en los que un hombre trajeado salía sentado cómodamente en su sillón, fumando un cigarro de la marca Marlboro, mostrándonos que fumar no es malo y que además nos añade un cierto toque de elegancia. Por entonces parecía que las sustancias químicas no eran peligrosas, sino necesarias. Curiosamente, después de algunos años, estos anuncios dejaron de emitirse y se recurrió de pronto a la difusión de información acerca de las transcendentales contrariedades que el tabaco atenta contra nuestra salud, y por consiguiente, también contra la de los nuestros, los llamados "fumadores pasivos" y es en esta ocasión donde parece que "las sustancias químicas" dejan de ser el buen aliado del humano en su vida, para convertirse casi en su cruel enemigo. Pero también me pregunto, entonces, por qué juzgamos de ésta manera a la química, por qué la colgamos el cartel de "la mala de la película" cuando todo lo que nos rodea es pura química, incluso la sal, que no deja de ser otra cosa que cloruro sódico, la utilizamos para cocinar. Nosotros no hemos surgido de la nada, somos también producto de reacciones químicas.

Hemos adquirido desde hace algún tiempo -no sé si definirlo como una buena e inteligente manía o como simplemente una pérdida de tiempo y de dinero- la costumbre de ir al supermercado y ciertos productos y marcas que comprábamos desde siempre rechazarlos por otros que en su envase nos dice: "Yogur natural", "pan integral", "sin conservantes" y que al final nos sale por un ojo de la cara. Nosotros, con toda nuestra buena fe, cogemos ese pack de yogures naturales, después de haber sido "comprados" por nuestra inocencia, buena fe o en realidad, por nuestro absoluto desconocimiento sobre la química y los aditivos naturales. "Nada es veneno, todo es veneno: la diferecia reside en la dosis", esta frase la pronunció en su día el alquimista y médico suizo, uno de los hombres pilares de la ciencia, Paracelso, que pretedía explicar que el veneno en realidad se alejaba de esa connotación de malo y, por lo tanto, de muerte, cuando en realidad no es ni malo ni bueno, sino que varía depediendo de la cantidad de ingesta que se haya suministrado. Pongamos un ejemplo más nítido: todos sabemos que hay setas malignas y otras benignas. Además, sabemos que las setas son unas fructificaciones de los hongos, es decir, nosotros lo que vemos en el campo son el fruto del hongo, y obviamente lo relacionamos con un alimento natural por diversas causas. Pero, ¿por ser natural podemos decir que es sano? ¿lo podemos comer sin que nos ocurra nada? La respuesta claramente es no, pues anteriormente hemos marcado una clara diferencia señalando que hay setas malignas (la Amanita phalloides) y otras benignas y por lo tanto, podemos extraer la conclusión de lo no todo lo natural es bueno. Este ejemplo también nos lleva nuevamente a la frase de Paracelso: si vas al campo y no sabes diferenciar los tipos de setas y por lo tanto, decides guiarte por las falsas apariencias que éstas te susciten, coges una Amanita phalloide y la ingieres, no sigifica que vayas a morir instantáneamente, pero sí que dependes de la cantidad en gramos que hayas tomado: a mayor cantidad, el riesgo de muerte se eleva.

Desde la antigüedad, cuando no existían cámaras frigorificas, ni microondas, ni tampoco métodos para envasar al vacío los alimentos, la sociedad tenía la necesidad de conservar los alimentos durante el mayor tiempo posible, así que inventaron diversas formas para conservarlos como buenamente pudieron, y lo hicieron por medio y gracias a la química. Esas sustancias que utilizaban las aplicaban en pequeñas dosis. Es aquí donde llegamos a la conclusión de si por lo tanto, todo lo referente a la química es bueno o no, y si todo lo que rodea a la palabra "natural" también lo es. Bajo mi punto de vista, esta falacia naturalista de lo "natural es lo bueno" es una artimaña comercial que se ha extendido hasta límites insospechados, y que tiene la libertad absoluta de convencernos de hacer o comprar determinados productos. En el fondo, nada ni es bueno ni deja de serlo, sino que depende de la cantidad, y nada en cantidad por muy bueno que sea es saludable.

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