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Durante estos últimos años no quise darme cuenta la gravedad de su enfermedad. Me conformaba con verlo un día más, que otro día más estaba ahí, pero no me daba cuenta que sólo era una presencia física, que su problema y los tratamientos que le aplicaban  cada vez lo alejaban más. No supe darme cuenta del momento en que su ausencia se hizo irreversible. Sólo me queda la respuesta de una mirada perdida en el vacío y la sensación de no poder expresarle mis sentimientos.

Parece mentira.

 

Querida yo hace 365 días (válido para todos los que vais a hacer un cambio este año, para los que empezáis el instituto, os vais de casa, acabáis la universidad, cambiáis de trabajo, etc.)

 

Querido nudo en la garganta, te estoy viendo, hecha un ovillo sobre la cama, quizás dormida entre los libros y el ordenador, pensando en el examen que se acerca; aguanta. Te suplico con todas mis fuerzas que no te rindas, te aseguro que lo lograremos, que nada podrá con nosotras, y sé que te rendirás… que lo dejarás, pero te arrepentirás. Un año después también estamos entre apuntes, pero hemos elegido estar aquí, hemos elegido que nuestro único momento libre sea para estudiar. Te prometo de verdad, que llegará ese día, que presentaras tu maravilloso proyecto, que subirás a ese escenario y que te darán tu diploma. Ese por el que has luchado. Ese al que aun estoy haciendo un hueco en la pared.

Años Destacado

Has cambiado mi rutina. Mis noches. Mis ilusiones. A mí. Por completo. Y sigues haciéndolo.

 

Han pasado meses desde que comencé a sostener tu mano llena de años mientras miras hacia otro lado, como si la vida ya no fuese contigo, o al menos no la mía. Como si esos ojos verdes ya no me perteneciesen como han hecho los 21 años que he vivido en este mundo.

Tras un mes en un país extranjero estoy sorprendida de todo lo que se puede aprender en tan corto tiempo, siempre y cuando te fijes en lo que ocurre a tu alrededor, claro. Pero, sobre todo, me siento abrumada ante todo lo que me queda por aprender. Ansío conocerlo todo: las costumbres, las gentes, la comida, los lugares… Es genial cuando camino por la calle confiada en que ya sé moverme por aquí y, de repente, ¡zas!, ocurre algo totalmente nuevo, algo totalmente inesperado que me hace reestructurar todo lo que pensaba que ya sabía sobre este país. Es como volver a ser un bebé conociendo un mundo que es completamente nuevo para él.

Querido Alejandro y tus tabús (digo tuyos, porque como verás, yo no tengo ninguno);  y querida Daniela y tu miedo al frio eterno (tuyo porque aún no sabes lo que supone el placer de morir en vida con lo que ello conlleva, ese sí que sería mío); y querida Cecilia y tu vida sana (oh, sí, sobre todo a ti); y a ti Jimena y tu reloj (el tiempo siempre tiene hueco en mi jardín); y a ti Laura (sé bienvenida también); y a ti querido profesor, perdón por meter a todos tus alumnos en el mismo saco, del que un día yo misma me escapé.

Bajaba las escaleras a toda velocidad. Llegaba tarde, como de costumbre. Con el desayuno aún sin digerir se disponía a calzarse y a despedirse de su más fiel amiga, aquella que le había acompañado desde los cinco años. Iba feliz, justo era su último examen antes del verano y los rayos de sol entraban por una de las ventanas del garaje. El tiempo le transmitía libertad. Se agachó al lado de su especie de casa para intentar llegar a ella, pues siempre se escondía y dormía lo más adentro posible. Pero al tocarla se le vino el alma abajo, se le heló el corazón. Su respiración comenzó a precipitarse y su mente le hacía pensar que no pasa nada. Pero el pelo de Cindy parecía hielo, su cuerpo estaba frío y tenso. Comenzó a llamarla suavemente, en bajo, pues el estado en el que se encontraba no le permitía pronunciar palabras con el mismo tono de siempre. Una voz débil no consiguió despertarla y era probable que se hubiera quedado dormida para siempre. Su compañera no se movía, no ladraba, no respondía. Al abrazarla no sintió su cariño ni su calor, era como abrazar a un objeto, sin sentimientos. Ahí dentro no quedaba nada vivo. Se había encontrado con la muerte, como si le separara de aquella criatura, como si le hubiera pegado un puñetazo e insultado con tono vacilante. Ni siquiera era consciente de lo que ocurría, no podía expresar la rabia que sentía por dentro. Con aquella voz débil que se apoderó de ella, intentó gritarles a sus padres sin encontrar la frase que mejor adornara lo que acababa de hallar, todos los vocablos le sonaban muy fuertes, excesivamente crudos, tales como la realidad.

“¿Sabéis lo que pasa?

El fantasma Antón

es amo de casa,

¡trabaja un montón!

Limpia, barre, frota,

friega y saca brillo.

No queda una mota

en todo el castillo.”

¿Querrá decir algo que sea un fantasma?

Cuando cumples los dieciséis años te comienzas a plantear las cosas de otra manera. "Tan solo me quedan dos años para la libertad", dicen muchos. Para irse de casa sin tener que aguantar a tus padres, para hacer nuevas amistades, para "hacer lo que te dé la gana". Porque los dieciocho son increíbles, ¿verdad? Pero eso no siempre significa felicidad. Esa cierta libertad de mayoría de edad llega con un enorme peso de independencia y responsabilidad. Pero no la independencia de ser libre y no necesitar a tus padres, sino la independencia de tener que tomar las riendas de tu vida sola, así como grandes decisiones.

Después de que los enunciados se escriban a negro y las soluciones a azul, después de usar pauta, doble pauta o incluso cuadrícula francesa, después de que un tal Rubio me diga cómo tengo que escribir…

Pretenderán que sepa elegir…

Tras años de adiestramiento me muestran un camino hacia la “libertad”. Un camino hacia lo que yo quiera ser, con materias obligatorias, contenidos programados, calendarios a seguir, mínimos… Conclusión, mi instrucción no ha terminado.

Llegados a este punto me planteo qué quieren hacer de mí.

Soy una fan de Tim Burton, me gustan todas sus pelis, ésas que cuando acaban, te hacen entender algo nuevo, cambiar la perspectiva de las cosas, ser un poco más tú, sí, esas que, aunque sea sin querer, pasas dándole vueltas toda la tarde.

Este año me he dado cuenta de que la filosofía es como nuestra propia sombra, aunque quieras, es imposible librarte de ella, filosofía es todo, y las pelis de este genio del cine son una muestra de ello. Tim Burton, “el poeta de lo extraño”, tiene una serie de temas recurrentes a lo largo de su filmografía.

Poco a poco me he ido reconociendo en sus películas, no hay una que me defina, son pequeños retazos de aquí y allá.

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@agus98117 Por cierto, había ido al médico. Hay que madrugar más 😆
@agus98117 Revisando, he visto que tienes tres materias. Solo necesitas matricularte de esas tres. A las demás pued… https://t.co/yfalk2qfV7

Sobre Cucuvaya

¿Qué es Cucuvaya?

Literalmente sería la transcripción al castellano de la palabra griega κουκουβάγια que significa lechuza o mochuelo. La lechuza es el animal que acompaña a la diosa Atenea, protectora de Atenas y símbolo de la sabiduría.