Está aquí: HomeNuestros BlogsFilosofía

Durante estos últimos años no quise darme cuenta la gravedad de su enfermedad. Me conformaba con verlo un día más, que otro día más estaba ahí, pero no me daba cuenta que sólo era una presencia física, que su problema y los tratamientos que le aplicaban  cada vez lo alejaban más. No supe darme cuenta del momento en que su ausencia se hizo irreversible. Sólo me queda la respuesta de una mirada perdida en el vacío y la sensación de no poder expresarle mis sentimientos.

Últimamente, los medios de comunicación parecen bombardearnos con publicidad que, aparetentemente, trata de incitar a los telespectadores a "llevar una vida mucho más sana". Demasiado bonito par ser verdad, ¿no crees? Pues, efectivamente, no todo lo que aparenta ser color de rosa resulta serlo.

El tiempo es la esencia de la vida y la vida no da muchas oportunidades.  Esa es la frase que me repetía quien más me quiere, pero a su vez, quien más me exige. Una frase que yo encajaba como una reprimenda a mis pequeños fracasos, a esas oportunidades perdidas que los ojos ciegos de la adolescencia no te dejan ver y que con sólo un pequeño esfuerzo diario se convertirían en grandes éxitos. Sin embargo, yo las convertí en lo que él llamó, “los mismos errores que otros cometimos”.

Anteriormente, cuando el hombre dependía de la agricultura y de la ganadería para poder sobrevivir, se podría decir que no era esclavo o presa fácil de las máquinas ya que como he mencionado al principio era una sociedad que no estaba muy avanzada, que su principal subsistencia era la agricultura y la ganadería y que solo y únicamente tenía que depender de los cambios climáticos, donde la naturaleza no era un recurso más al servicio de la máquina, ni donde se dependía totalmente de una máquina o de un robot...

Más tarde, llegó el auge de la industrialización, lo que conllevó una verdadera carrera por mecanizar cada proceso de fabricación de cada sector, por lo que el hombre pasó de ser un artesano a un trabajador que tenía que manejar una máquina que hiciese el trabajo que a priori hacía el artesano. Aún así no había una transformación total de la naturaleza, ni tampoco una industrialización total, sino que las máquinas solo se limitaban a facilitar el trabajo con el fin de una mayor producción y a su vez puede que mejor. En definitiva, lo único que hacía la máquina era complementar al la vida humana.

¿Qué es lo que está sucediendo? ¿Qué es aquello que atormenta nuestra mente cuando salimos a la calle y nos enfrentamos al mundo? Supongo que la única frase que asalta mi cabeza cuando pongo un pie fuera de mi zona de confort es: "Me van a comer con patatas", y seguramente esto suene muy chistoso, pero mi intención no es esa: no es la de provocar una carcajada al lector, sino la de conmover su subconsciente, en especial el del género masculino, pues desgraciadamente las mujeres somos conscientes de lo que sucede, somos la víctima de marginación por ser mujer y por todo lo que ello implica, que no es poco.

La especie humana siempre ha sido curiosa por naturaleza, incluso el mismísimo Albert Einstein confesaba lo siguiente: "No tengo talentos especiales, pero sí soy profundamente curioso", de hecho esa inquietud por mucho tiempo dejo de lado esa faceta oscura de "la curiosidad mató al gato", para convertirse en una cualidad realmente extraordinaria. Hoy día la curiosidad ya no nos sirve necesariamente para sobrevivir como les sucedió a nuestros antepasados cuando descubrieron en fuego o las herramientas, sino que ha ido mucho más lejos y su misión nos ayuda a seguir creciendo, ha seguir evolucionando como especie. Nuestro mundo, toda nuestra vida y todo cuanto la rodea sin darnos cuenta, ha cambiado, ha sufrido una metamorfosis involuntaria y lo que antes era prácticamente imposible de hacer o conseguir, hoy veinte años después se ha convertido en algo realmente sencillo, hasta tal punto que, un niño de cinco años tendría ya no solo la posibilidad, sino también la capacidad de hacer sin dificultad a pesar de su prematura edad. La curiosidad, pero también la necesidad, es el motor que mueve al hombre a experimentar,a ir más allá de lo que tiene, a ser inconformista, a ser cada vez más complejo de lo que por sí ya es.

Ha comenzado un nuevo año, para otros muchos, una vida nueva, por esa frase que dice: "año nuevo vida nueva", pero en verdad toda esa ilusión, todos esos propósitos para el próximo año que juramos y perjuramos que llevaremos a cabo: "Este año dejaré de fumar", "este año iré al gimnasio para ponerme en forma" no dejan de ser, desde mi punto de vista, palabras bonitas, una utopía en toda regla.

No nos engañemos. Es un ambiente tenso. Nadie sabe lo que va a pasar ahora.

Escribo esto un 20 de diciembre de 2015, día de jornada electoral, algo nada nuevo en este país.

No puedo evitar poner la mirada en una comunidad catalana que exige su libertad para decidir su futuro, su territorio, su vida. Esta idea es obvia en un estado democrático como en el que nos encontramos, pero no es esa la realidad. La realidad es otra: una negativa de una mayoría conservadora en España que reclama su derecho, registrado como tal en la constitución, de decidir sobre su territorio y unidad como nación.

Hoy he tendio uno de esos momentos... de esos muchos momentos en el día en que contemplo el reloj -absorta como si en realidad contemplase una ecuación de segundo grado- y deseo que se detenga, que se pare y no siga avanzando más porque va demasiado rápido, ¿por qué tanta prisa?, probablemente si no se tratase de un objeto que lo único que provoca en nuestra vida es agobio, presión y demás adjetivos despectivos, tanto en nuestra vida laboral como social, le gritaría con la más absoluta desesperación: "¡DETENTE! Te crees importante solo porque todos y cada uno de los humanos que poblamos este mundo te damos importancia, e hinchamos tu ego." Y la pregunta a todo esto es, ¿de quién es la culpa de esa presión, de ese estrés... de esa desesperación? Seguramente diréis que la respuesta es clara: el suizo Abraham- Louis Perrelet, el inventor del reloj, pues siento deciros que no del todo es afirmativa esa respuesta, en realidad somos nosotros los que tenemos las manos manchadas de la sangre del delito, y esque esa sangre en verdad, no la hemos limpiado nunca, sino que sigue ahí presente día a día desde 1770 y cada año que sucede, con las nuevas tecnologías que ponen patas arriba toda nuestra vida, contribuímos aún más a ello.

Como si se tratase de algo que viniese en nuestra genética, buscamos incansables la sinceridad en otras personas, y ésa es en realidad una de las cualidades más buscadas y valoradas en una persona independientemente de la relación que queramos establecer con ella.

Redes sociales

Twitter

@agus98117 Por cierto, había ido al médico. Hay que madrugar más 😆
@agus98117 Revisando, he visto que tienes tres materias. Solo necesitas matricularte de esas tres. A las demás pued… https://t.co/yfalk2qfV7

Sobre Cucuvaya

¿Qué es Cucuvaya?

Literalmente sería la transcripción al castellano de la palabra griega κουκουβάγια que significa lechuza o mochuelo. La lechuza es el animal que acompaña a la diosa Atenea, protectora de Atenas y símbolo de la sabiduría.