Ética

El silencio blanco

"Más allá de esa valla, más allá de ese mar, seremos libres".

La madre de Malak repetía esa frase como un mantra. La repitió tanto que hasta Malak llegó a creérsela. Malak se durmió entre las personas que abarrotaban la patera y cuando abrió los ojos estaba en la tierra prometida.

Malak tiene ahora 25 años y cuida de su madre. Ambas en paro, apenas tienen suficiente dinero para comprarse el pan. La madre de Malak es, además, diabética, una enfermedad que produce el aumento de glucosa en la sangre, y necesita que, una vez al día al menos, le inyecten insulina.

Todo sería más fácil si no fuese inmigrante y tuviese el derecho al descuento en medicamentos, pero no es así.

Ahora la han metido en la cárcel. La acusan de robo de medicinas. Pero, ¿realmente es justo que sea encarcelada? La legislación española prohíbe cualquier tipo de hurto y robo. Sí, vale, pero ¿es esta ley legítima en todos los casos? Porque según la Constitución tengo el derecho a la vida y a la salud, y aunque he visto a muchas asociaciones protestar contra el aborto apoyándose en el derecho a la vida, no he visto a ninguna de estas asociaciones manifestándose para que liberen a María de la cárcel. Y así con infinidad de casos.

Se contraponen dos leyes, dos derechos, y se crea un dilema ético. Las leyes están hechas para proteger a los ciudadanos pero ¿hasta qué punto nos protegen?, ¿cómo sabemos dónde termina la libertad de uno y empieza la de los otros?

¿Y qué harías tú en ese caso? O en el caso de que a tus padres les desahuciasen, porque no tienen dinero para pagar la hipoteca de la casa. Está el derecho a la propiedad privada y las leyes financieras del banco, y el derecho a vivienda.

Otro caso distinto es que, en vez de enfrentarse dos derechos, se enfrenten la ética y la moral.

Como cuenta Jack London en “El silencio blanco”, en una expedición, a tu amigo le cae un gran árbol encima y le obstaculiza las piernas. No se puede mover. No puedes liberarle. Tan sólo puedes esperar con él a una ayuda que no llegará y morir los dos, o irte de allí y abandonarlo. En ese caso, la opción más compasiva es matarlo para evitar su sufrimiento o esperar a morir los dos. En definitiva, ir contra tu propia moral para salvaguardar unos valores éticos.

Las ideas y pensamientos se nos cruzan y terminamos confundiendo una cosa con otra. Llegará un momento en el que nos tengamos que parar a pensar, para variar, y encontrar una solución, porque está claro que algo se está haciendo mal si una persona cuya única culpabilidad es ser inmigrante y tener una madre diabética acaba en la cárcel. Pero somos demasiado vagos para parar un momento nuestra vida acelerada y pensar con claridad. Quizá lo más fácil sea olvidarse de las paranoias y preocupaciones de estos artículos y sentarse en el sofá a ver la tele.

photo credit: photographer padawan *(xava du) via photopin cc

 

Redactor del artículo
Author: Alicia
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