Antiguos alumnos

Pase lo que pase, no os olvidaremos, Sócrates y cía.

Totalmente abatido, abandonó el aula. Cruzó la sala, llegó a las escaleras y, cabizbajo, comenzó a dejarse caer peldaño a peldaño. Paso a paso. Todos los que había dado para llegar ahí. Todos los que estaba dando en ese momento marcha atrás. Todo lo que había conseguido. Todo lo que le estaban arrebatando.

Mientras, los que habían sido sus discípulos lo miraban impasibles. Sólo algunos se negaban a creer lo que estaba pasando. Se negaban a creer que hubiera sido tan fácil la derrota. Se negaban a creer que nadie hiciera nada. Así que alzaron su voz, intentaron mantenerlo en el aula, pero eso no dependía de él. No podía quedarse si no era querido por la mayoría. Así que intentaron convencer a la mayoría de cuán importante era él, cuán importante que se quedara, que no los abandonara. Pero fue en vano.

Desde lo alto, los verdaderos enemigos observaban la escena complacidos. Sabían que no podían enfrentarse a él si él era apoyado por todos. Así que les dieron a escoger entre el sendero fácil o seguirle a él, que siempre elegía el camino más escarpado. La mayoría eligieron la vía fácil. Sólo algunos le siguieron. Le siguieron porque sabían que los caminos escarpados llevan a las alturas, y desde las alturas las vistas son siempre más bellas. Los del camino fácil prefirieron continuar en la base, prefirieron quedarse abajo con alguien por encima siempre.

Algunos intentaron irse con él, pero la puerta sólo estaba abierta para uno. Ningún discípulo pudo seguirle, por mucho que lo deseara. Él había sido condenado al exilio, pero los demás no podían acompañarlo. Sólo al terminar las clases podían pasar algunos ratos con él. Casi como a escondidas. No estaba de moda pasar tiempo con él. Pero eso no importaba.

No había sido necesaria la guerra. No había sido necesaria ni una sola batalla. Había bastado con dar a elegir una opción más fácil para que fuese abandonado por la mayoría. Así, sin ningún (o casi ningún) apoyo, él no tendría más remedio que reconocer su derrota. Sin haberle ni siquiera dado la oportunidad de luchar.

La mayoría le dijo adiós.

Unos pocos dijeron: “contigo siempre, Filosofía”.

Eliminar la Filosofía de la educación es algo inaceptable ahora mismo. Eliminarla cuando apenas haya alumnos en los institutos que la cursen –porque la mayoría se decantó por la optativa fácil, o sea, religión—, será cuestión de lógica.

¿Cómo se convence a un adolescente de que es mejor para él estudiar y formarse como Dios manda? ¿Mejores expectativas de futuro? ¿Acceso a un mejor trabajo? ¿Enriquecimiento intelectual? ¿Pa’ qué? Se gana más y se vive mejor siendo un inculto, un ignorante. ¿Que no? Preguntadle a Belén Esteban, Kiko Rivera, a un tronista o cualquiera de esta panda de la basura TV basura. ¿Para qué van a elegir Filosofía los estudiantes? Para complicarse la vida. Mejor tirar por religión, que por lo menos te sirve para subir un poco la media.

Yo intentaré convencer a mis primas (las adolescentes más cercanas que tengo) de que complicarse la vida merece la pena. Aunque espero que para cuando ellas deban tomar la decisión, Filosofía no sea cuestión sobre la que decidir (antes de cursarla, claro).

 

Foto: https://flic.kr/p/f6mPq

 

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Autor: Nazaret
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