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Drogodependencia sonrisil

Lunes, 1 diciembre.

Esto es algo como todos los viernes del año.

Lunes al sol,

al sol del reflejo de las luces de navidad en una gota de lluvia en el cristal, o en una hoja marchita de un árbol demasiado desnudo que vuela en el aire dando su último grito de arte.

Noviembre se ha ido como todos, se fue porque había otros, había otros porque él nunca se quedaba **.

Noviembre me ha dejado desnuda sin hojas a merced de mi sonrisa, y por primera vez no tengo miedo de volar por mí misma.

Noviembre me ha enseñado demasiadas cosas que solo diciembre va a poder disfrutar.

Ojalá te hubieras quedado.

Esto suena a resumen de mi vida, demasiadas veces he echado de menos cosas que quizá ni he tenido. Alguien me dijo alguna vez que sabía cómo dejarme querer y que no perdiera la sonrisa, que te digan esto cuando crees que solo eres una piedra en el camino de alguien más duele, y duele mucho. Suena como un asesino de la cuchara persiguiendo un frágil corazón día tras día, noche tras noche.

A lo mejor he necesitado mi propio asesino de la cuchara, machacando lo poquito que quedaba; mi propio ser tropezando en mi una y otra vez, encariñándose de mí, para darme cuenta de que puedo volar como las hojas de los arboles en septiembre y que solo yo misma me lo puedo impedir.

Y así comienza todo. Con una sonrisa. Dogrodependencia sonrisil.  Supongo que haber salvado unas cuantas vidas tenga algo que ver con empezar a mirarme de forma diferente en mi espejo, o empezar a mirarme simplemente.

Desnuda bajo la lluvia, como un cerezo añorando sus flores primaverales, bailando bajo las pocas hojas que adornan el parque frente a mi portal.

"Si tú saltas yo salto; si tú sangras, yo me desangro."

Era demasiado bonito no ser nada, no ser nadie más que tú misma, sola ante todo lo que tenga que venir, lo bueno de haber pasado tanto tiempo en el suelo es que llegó un momento que nadie podía vencerme, que todos estaban por encima. Lo bueno de lo malo es que siempre pasa.

"Always look on the bright side of life."

Debo aprender a hacer caso a demasiados consejos.

“Me autodestruyo para saber que soy yo

y no todos vosotros.” (Leopoldo María Panero)

Perdóname.

Perdóname por cada noche que no me dormí entre risas.

Por cada mañana que no quise levantarme.

Por cada cerveza que no me tomé.

Por cada estrella a la que no le pedí un deseo.

Por cada cigarro que me fumé en tu nombre.

Por no empezar a soñar antes.

Después de tanto tiempo he perdido; he perdido a la única persona que estuvo siempre y que quise que siempre estuviera. Somos lo que echamos de menos* y lo que ha aparecido en nuestra vida de repente, de sorpresa, como una tormenta en una noche de verano, como un helado de turrón en una tarde de febrero.

Como perder la noción de los meses que han pasado, e identificarlos solo por la temperatura de tu nariz recorriendo mi cuerpo. A tientas. Me tientas. Desnudándonos por los rincones, fumándonos en los ascensores, bebiéndonos por los pasillos. Hazme pensar en ti cuando me dicen ‘volvamos a casa’ y no en mi apartamento.

Rompamos el espejo del baño, mientras puedas mirarme con tus labios y yo pueda tocarte con mis labios.

No quiero más luz que la que brilla en tus ojos.

Esos que solo esperan mi sonrisa para vivir.

Demasiadas ilusiones por vivir, encanto desde el minuto cero. Nunca fui la chica más guapa del bar, pero sí la de la sonrisa más triste del lugar, la compañía perfecta para un tequila con limón.

Soy la perfecta compañía que nadie quiere a su lado, por la que de pronto se pelean por tener al lado. Abrumada.

Desnuda.

Empapada bajo la lluvia.

Descalza.

Con los pies llenos de barro.

Con la cabeza patas arriba.

Desordenada.

Encontrándome.

Sonriéndome.

Con la música en la cabeza demasiado alta.

Sin pensamientos.

Rodeada de gente que se pregunta por qué.

O que se inventa una razón.

O que solo intentan joder. Eso sobre todo.

Casi graduada.

Casi libre.

Casi feliz.

Casi perfecta.

Me he dado cuenta de que he fallado en absolutamente todo lo que me han propuesto: me dijeron que no podría superar a esa persona y pude.

Me dijeron que no podría llegar a donde quería y pude.

Me dijeron que estarían para siempre y no están.

Me dijeron que nunca sería feliz y lo soy.

Me dijeron que no dejara de sonreír, y no lo he hecho. O he empezado a hacerlo de nuevo.

Ojala alguien me hubiera enseñado a encontrarme a mí misma, a demostrarme que puedo llegar a donde quiera y que probablemente tenga cosas más importantes que decir que Platón. Quizá algún día me estudiéis en filosofía, como la chica que fuma amapolas o mejor en literatura, como una poeta más dentro de una bola de nieve.

 

Y todo esto Itsaso, te lo dedico a ti. Filosofía aplicada. Perdón a ti también por no poder contestarte con los mitos de Platón o de Aristóteles, siempre fui mas de jugarme los exámenes a cara o cruz, pero no se me ha dado tan mal.

Solo quiero demostrarte que hay gente que se sale de la sociedad. Que hace de su vida su propia vida, por más que hayan intentado inculcarnos algo. Creo que si alguien es diferente a todos los prototipos que nos han enseñado soy yo.

Soy a la vez la chica de la barra del bar y el tequila y la de matriculas de honor en la universidad. A la que le han roto el corazón una y otra vez y que sigue enamorándose. A la que le encanta hacer las cosas que nadie hace. La que no sabe caminar sin tacones, pero que se come el mundo cuando se pone sus converse rosas.

Esa por la que nadie pagaría un céntimo, y esa por la que todos se arrepienten de no haberlo hecho.

No hay una sociedad en la que tengas que encajar, hay una persona que quiere hacer su propia sociedad, a tu medida, a tu manera. TU sociedad. No es la que tus padres quieren que seas más buena porque no hay quien viva contigo. Es la que tú quieres tener.

Pensarás que estoy loca, punto a tu favor, y aunque no te conozco, te invito a tomar un café en una cafetería demasiado llena de gente conmigo, con un libro de poesía sonriéndole a la gente que no conozco de nada, veras cómo la gente, aunque me hayan educado para otra cosa, acaba sonriendo, acaba entrando en TU sociedad a tu manera.

Feliz diciembre de colores tristes, felices labios rojos, felices pies bailando sobre los tacones en cualquier antro de la ciudad.

Un brindis por mí y por todo lo que queda por ganar.

amaapola (:

 

Redactor del artículo
Autor: amaapola
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