Antiguos alumnos

Cuando había vida después de la muerte

Naces,

creces,

te reproduces...

Y mueres.

Y ya está.

A veces, en las situaciones más inesperadas...

Un centro de salud. Una señora de unos ochenta años pasa a mi lado apoyada en su bastón. El señor que tengo en frente, de unos sesenta, la mira. Luego se queda pensativo, con cara de preocupación, mirando al suelo. ¿Qué pensará?

¿Que pensaría yo?

"En unos 15 años tendré que hacerme con un bastón. Y caminaré así, tan despacio. También llegará el momento en el que tendrán que ayudarme a subir escaleras, aunque siempre me quedarán los ascensores para mantener algo de autonomía. Bueno, tampoco me durará tanto esa independencia: llegará el día en que necesite un asistente o algún tipo de ayuda para mi día a día. Y luego..."

¡Qué miedo nos da pensar en envejecer! Qué tristeza cuando reflexionamos sobre la vida y la muerte. ¿Por qué?

No es algo inherente a la especie humana: hasta hace bien poco (menos de un siglo) la mayoría de la gente (no hablo de filósofos ni intelectuales, hablo de la gente normal, de la de la calle) no se preocupaba por estas cosas. No les preocupaba envejecer. Era lo que tenía que pasar: llega un punto en el que te haces viejo, te mueres y luego...

Luego, si has sido bueno, vas al Cielo, te reencuentras con tus seres queridos (ya muertos, claro) y existes1 feliz hasta el día del Juicio Final, es decir, para siempre. Peor suerte corrían los que habían sido malos en vida porque, al morir, se van derechitos al infierno. Pero, claro, eso a nadie le preocupa porque pocas personas, poquísimas, piensan que han sido malos. Nadie cree merecerse el infierno. De esta manera, al morir, lo hacían convencidos de que les esperaba una existencia mejor en el Cielo.2

La muerte no era el fin y, por tanto, no merecía ni un segundo de reflexión. Era una cosa más de la vida: como al dormirte tienes la certeza de que a la mañana siguiente despertarás, al morir lo haces creyendo que una existencia mejor te espera. Algo que, simplemente, tiene que pasar.

Sin embargo, ahora sabemos (o creemos, que al fin y al cabo es lo que cuenta) que no hay absolutamente nada después de la muerte y, precisamente por ello, nos cuesta muchísimo aceptar la idea de que llegará el día en el cual, simplemente, dejaremos de existir. Nuestro final es absoluto, irrevocable. Hemos cambiado la tranquilidad (respecto a la muerte) que da la ignorancia por la preocupación y la infelicidad que acompaña al saber.

Es curioso lo infelices que somos en esta sociedad. Es curioso porque nunca en la historia la humanidad ha vivido con tantos lujos y nunca en la historia se había quejado tanto. No es que la felicidad esté (si es que está en algún sitio) en lo que tenemos, sino que con lo que no tenemos se forma  nuestra infelicidad.

Algo que nunca dejaremos de tener, porque cuando esto ocurra, no existiremos para poder decir que tenemos o no algo, es la vida; en otras palabras, cuando dejemos de tener la vida, dejaremos de ser. Parece bastante obvio, pero creo que hay mucha gente que aún cree que la muerte encierra algo de misterio, como que seguiremos existiendo en no-se-sabe-muy-bien-dónde: "¿qué hay después de la muerte?" se preguntan muchos. Si la infelicidad está determinada por lo que no tenemos, ¿por qué no nos basta lo que tenemos para ser felices? Siempre queremos más, nos cuesta conformarnos con lo que ya poseemos. ¿Por eso una vida no es suficiente y queremos otra existencia eterna postmortem? No nos es suficiente con lo que ya sabemos que vamos a tener, sino que aspiramos a más, a muchísimo más3. Aspiramos a la existencia infinita, a la eternidad, sin darnos cuenta de que es inalcanzable porque es inexistente (mientras no se demuestre lo contrario): no somos más que organismos biológicos con un principio y un final,como cualquier otro animal o planta. No poseemos un alma que vaya a perdurar después de nuestra muerte, ni nuestra mente funcionará independientemente del cuerpo en el Cielo, Infierno o cualquier otra dimensión desconocida.

Si todo lo que tenemos es la vida, esta vida -que no es que digamos-  quizá ("sólo quizá") hay que plantearse vivirla de forma que, al morir, pienses "pues, la verdad, estuvo bien". Y te sientas satisfecho, tranquilo; aun sabiendo que luego no va a haber nada más.


1 A la vida en el Cielo, por ser después de morir, ya no se le puede llamar vida, así que en su lugar, usaré "existencia".

2 Puede parecer que insinúo que la Religión (la que sea) es algo bueno por hacer felices a sus seguidores con la promesa de una existencia eterna y feliz, pero no. La Religión usaba esto para esclavizar al pueblo en vida y robar a los campesinos asegurándoles una existencia feliz en el Cielo, y lo hacía con mentiras. La gente no era feliz mientras vivían porque creían que debían ser infelices en vida para ser felices después de la muerte, pero claro, como después de la muerte no hay nada, nunca eran felices: vivían en un valle de lágrimas con la esperanza de existir eternamente en el Cielo. Y morían sin conocerlo.

3 ¿Es esta inconformidad con lo que tenemos fruto del sistema económico? Quizá el Capitalismo nos ha acostumbrado a querer siempre más, a nunca darnos por contentos. Pero se supone que eso era para los objetos materiales; sin embargo, ya ni con la vida que tenemos nos basta.

photo credit: photographer padawan *(xava du) via photopin cc

 

Redactor del artículo
Autor: Nazaret
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