Antiguos alumnos

"Al 24-O? No, yo no voy."

Es lo que tiene pedir permiso.

Pues claro que no. Ni a favor de los recortes en sanidad, educación, ciencia y cultura, ayudas, subvenciones, becas y en cualquier otra cosa que se os pueda ocurrir, que seguro que ahí también metió Mariano la tijera.

Y no sólo que no esté a favor, sino que estoy totalmente en contra. Y pensaréis: "¿y por qué no te manifiestas, como hacen los demás?"

Estoy muy de acuerdo con el fondo de las manifestaciones pero, sin embargo, las formas no las comparto en absoluto. Para que me entendáis, creo que quedará mejor explicado con una comparación:

Imaginemos a unos padres que le imponen a su hijo unos horarios y un lugar para quejarse de todo aquello que ellos hacen y que al chaval no le parece bien. Él, pidiendo permiso a sus padres, quienes le conceden la hora entre las 6 y las 7 de la tarde del lunes en la cocina, se sienta y empieza a decirles que, en su opinión, lo que hacen está mal. Los padres, resignados, le escuchan pacientes, sabiendo que no durará mucho. "Ya lleva 15", "uy, ya pasó media hora", "en 10minutos termina" piensan ellos. Las 19:00. Los padres se levantan y vuelven a hacer lo que estaban haciendo. Quizá reflexionen un rato (como mucho  media hora) acerca de lo que su hijo les ha dicho, pero antes de la cena, ya lo han olvidado todo. Cuando el hijo pide volver a manifestar su opinión, los padres le contestan algo así como: "muy bien, vete a la cocina y quéjate de lo que no te guste. Nosotros estaremos en el salón viendo la tele." El chaval va a la cocina e intenta dialogar, pero no tiene con quien; quiere hacerse oír y grita, pero sus padres suben el volumen de la tele. Un poco enfadado, rompe un plato. Sus padres, más enfadados aún, van a la cocina, le pegan una torta y lo castigan. El hijo, medio satisfecho, se va a su habitación creyendo que, dado que sus padres se han cabreado, a partir del momento le harán caso.

Craso error. Los padres, como ocurre con el gobierno, olvidan pronto las cuatro voces que dio su hijo y seguirán haciendo lo que quieran.

Por muchos manifestantes que haya, por mucha gente que se reúna a reclamar y reivin.dicar sus derechos, eso no le hace daño al gobierno. ¿Qué más les da que haya 2, 3 o 5 mil personas? Como si hay millones.

Respecto a las huelgas en educación, si nos paramos a mirarlas con detenimiento, veremos que, además de no perjudicarles, les favorecen. ¿Que no? Es dinero que se ahorran (en la parte de los sueldos que los profesores dejan de cobrar) y, a la larga, menos educación que tiene la gente. Además, sea de lo que sea, una huelga de 1, 2 ó 3 días, cumpliendo las obligaciones de servicios mínimos, tampoco es que sirva de mucho (al igual que al hijo no le servía de nada poderse quejar en el sitio y hora que sus padres le dicen). ¿Qué mas da que se pare el transporte un día? Al día siguiente (y todos los demás) el consumo de combustibles volverá a la normalidad y todos contentos: el gobierno no pierde mucho (son días contados, y con servicios mínimos) y los ciudadanos orgullosos por la tremenda labor de protesta que están llevando a cabo. No nos engañemos.

Lo que le hace falta al país es una huelga indefinida y general (menos en educación, aunque sí cambiando la forma) y cuando, a los quince días (o un mes), el consumo de combustible, el gasto de luz y demás formas de pago de impuestos sea menor que el mínimo, entonces y sólo entonces, el gobierno nos hará caso. Mientras sigamos manteniéndoles y dándoles poder, harán lo que les venga en gana.

Y esto sólo para que el gobierno nos haga caso. Para solucionar el problema, en mi opinión, habría que atajarlo de raíz, y no hablo de que empiecen a rodar cabezas (que tampoco sería tan mala cosa) sino de cambiar todo el sistema político, de manera que se construya uno nuevo más limpio y claro. Un sistema gracias al cual la gente se interesase por la política, ya que si la gente reniega de ella hoy en día es porque político y ladrón viene a ser casi lo mismo y desde muy pequeños nos enseñaron que robar es malo (aunque parece que a muchos se les olvida).

Siempre deberíamos tener presente que cualquier cosa permitida por el gobierno, no hace daño al gobierno y que, con este gobierno que no dialoga, la única manera de hacernos oír es hacer daño, por triste que sea.

 

Redactor del artículo
Autor: Nazaret
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