Ética

La divulgación del odio

A lo largo de nuestra historia siempre han existido y siguen existiendo sociedades con diversidad de ideales.

A los hechos me remito al afirmar que estas suelen dividirse en dos secciones: la opresora y la oprimida. Para la sección opresora todo aquello que salga de lo que consideran normal o normativo es inferior a ellos y por tanto, no es merecedor de unos derechos dignos. Afortunadamente y tras una larga lucha del pueblo oprimido, hemos llegado al siglo XXI siendo una comunidad más desarrollada y más inclusiva. Sin embargo, el auge de la extrema derecha en todo el mundo - sí, también en nuestra querida evolucionada Europa Occidental - nos enseña la cara más anticuada y rancia de esta pretenciosa evolución. Estos que se hacen llamar conservadores se resguardan en la ''libertad de expresión'' siempre que son recriminados por los llamados progresistas. Es curioso, pues son ellos los que, a través de sus palabras y sus acciones, coartan la libertad de todos los que no son como ellos. Todo esto nos lleva a la gran cuestión de la tolerancia y la validez de la opinión.

¿Debe toda opinión ser aceptada? ¿Debe tolerarse la intolerancia? Estas son preguntas que surgen en la mente de mucha gente al presenciar escenarios como el reciente de las elecciones del 10N, en las que el partido político Vox se convertía en la tercera fuerza de nuestro país. Resulta estremecedor ver que más de tres millones y medio de personas aún se aferran al discurso del odio en su voto. Creen amar a su patria pero no se dan cuenta de que esta la constituyen también todos aquellos a los que rechazan en su discurso. Pero entonces, ¿hasta qué punto se debe considerar una opinión como tal? En el momento en el que esta traspasa los límites del respeto, del derecho a la vida o, incluso, de la libertad a ser quien seas, la opinión deja de serlo para convertirse en opresión. No obstante, no nos podemos olvidar de que quienes realmente sufren las consecuencias de este apogeo del fascismo siempre serán las personas con menos recursos, pues son las que no tendrán más que su voz para confrontar esta situación. Parece inverosímil, pero partidos como el mencionado anteriormente tienen en sus listas y entre sus votantes a mujeres, homosexuales e inmigrantes. No cabe ninguna duda de que todos ellos pertenecen a las clases sociales adineradas. 

Las generaciones anteriores a la nuestra ya recorrieron un largo camino para llegar hasta aquí. Permitir la divulgación del odio a gran escala solo nos hará retroceder siglos en la historia y en la lucha. No son personas aisladas, no son paletos o incultos (como mucha gente manifiesta en las redes sociales); son tus compañeros de clase, son gente con estudios, son muchas de las personas con las que te relacionas cada día. Cuanto antes nos demos cuenta de cuál es la realidad, antes podremos combatirla. 

 

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