Filosofía

La curiosidad mató al gato, pero no a nosotros

La especie humana siempre ha sido curiosa por naturaleza, incluso el mismísimo Albert Einstein confesaba lo siguiente: "No tengo talentos especiales, pero sí soy profundamente curioso", de hecho esa inquietud por mucho tiempo dejo de lado esa faceta oscura de "la curiosidad mató al gato", para convertirse en una cualidad realmente extraordinaria.

Hoy día la curiosidad ya no nos sirve necesariamente para sobrevivir como les sucedió a nuestros antepasados cuando descubrieron en fuego o las herramientas, sino que ha ido mucho más lejos y su misión nos ayuda a seguir creciendo, ha seguir evolucionando como especie. Nuestro mundo, toda nuestra vida y todo cuanto la rodea sin darnos cuenta, ha cambiado, ha sufrido una metamorfosis involuntaria y lo que antes era prácticamente imposible de hacer o conseguir, hoy veinte años después se ha convertido en algo realmente sencillo, hasta tal punto que, un niño de cinco años tendría ya no solo la posibilidad, sino también la capacidad de hacer sin dificultad a pesar de su prematura edad. La curiosidad, pero también la necesidad, es el motor que mueve al hombre a experimentar,a ir más allá de lo que tiene, a ser inconformista, a ser cada vez más complejo de lo que por sí ya es.

Seguramente, porque incluso yo también lo hago, cuando escuchamos las palabras: "Curiosidad", "idea", y "tecnología" rápidamente se nos viene a la cabeza nuestros teléfonos móviles, las películas con esos efectos especiales que por mucho que ya estemos familiarizados con ellos, no nos dejan de maravillar una y mil veces y los ordenadores,y así podríamos seguir enumerando un sin fin de objetos más sin cansarnos. Todas estas cosas que acabo de citar surgieron de una idea unida a la curiosidad, a las ganas de experimentar y de descubrir qué puede ocurrir si cortas el cable amarillo en vez del cable rojo, pero sobretodo también al error, porque con toda probabilidad, muchas cosas que tenemos hoy día son incluso mejores de lo que podrían haber sido por un fallo, algo que no estaba en los planes de su inventor y que sin embargo, llevaron a éste a hacer de esa equivocación, algo perfecto. Algo similar fue lo que le ocurrió a Costantin Fahlberg, un químico ruso en el año 1870 mientras trabajaba con un producto químico que, curiosamente hoy día es utilizado como pintura anticorrosiva. Cuando se dispuso a cenar comprobó que la yema de sus dedos tenía un dulzor un tanto peculiar, causado por el derrame accidental de unas mezclas puramente experimentales y de este modo, fue como la sacarina vio por vez primera la luz, ¿curioso verdad? pero, ¿qué hubiese sucedido si de lo contrario esos productos químicos no hubieran caído en sus manos? ¿Existiría la sacarina o no? Quiero pensar que una situación parecida le habría ocurrido a otro químico un tanto torpe pocos años más tarde.

Supongo que esa frase que dice que: "El humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra" es la oración que no solo describe, sino que también engloba a la perfección el carácter de nuestra especie: curiosa, imaginativa, un tanto patosa y sin embargo perfecta. Somos la especie que convierte los errores en éxitos.

 

Redactor del artículo
Autor: Beatriz
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