Filosofía

El milagro de Anne Sullivan

“El milagro de Anne Sullivan” es una película que nos habla de la historia real de Helen Keller, una niña que a los 19 meses de edad, a causa de una enfermedad, se queda sorda y ciega.

Este problema dificulta el aprendizaje de la niña. Al no poder expresarse ni entender a su  entorno, su frustración y rabia aumentan, convirtiéndose en una persona “salvaje”, caprichosa y muy agresiva. Por ello, sus padres deciden pedir ayuda a alguien especializado: Anne Sullivan.

Anne con tan solo cinco años pierde la visión, pero, después de varios años, tras dos operaciones con éxito, la recupera. Con el propósito de ayudar a otros niños ciegos, aprende el alfabeto manual.

Lo primero que realizó Anne fue intentar comunicarse con Helen, terminando así con su agresividad con fuerza y paciencia. Después, fue enseñarle el alfabeto manual. El proceso consistía en poner a Helen en contacto con los objetos y luego Anne le deletreaba en la mano las palabras. Esto hizo que Helen se calmase y animase, comenzando a  interesarse por el entorno que la rodeaba.

El problema es que Helen sabía repetir estos “signos” que Anne le dibuja en la mano pero de forma no comprensiva, es decir, sin darles un significado. En este momento, podemos introducir el famoso “giro copernicano” de Kant: Kant afirma que el conocimiento intelectual es la capacidad de entender mediante conceptos los fenómenos percibidos con la experiencia sensible, es decir, denomina “objeto” de la realidad a la unión efectiva entre “fenómeno” y “concepto”, siendo el objeto algo más que una recepción de los datos de la experiencia, y que debe ser el sujeto quien lo “construya” aplicando sobre ellos las categorías. En este caso, Helen no es capaz de asignar a cada signo un objeto de la realidad.

Finalmente, en la última parte de la película, Helen logra comprender. Curiosamente, lo hace gracias a que aún recuerda su primera palabra hablada (justo antes de perder la audición, y con ello la voz), y la repite cuando entra en contacto con él: “el agua”. Para ello ha tenido que partir de los datos de la experiencia (la experiencia sensible), pero a la vez ha sido capaz de conceptualizarlos, Helen finalmente comprende “qué es el agua”: “entiende” el concepto, es capaz de “nombrarlo”, darle significado.

 

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