Filosofía

Platón y la cultura de la inmediatez

Quiero saberlo todo, necesito saberlo todo, aquí y ahora.

A veces pienso cómo sería la vida en el pasado, quizás no tantos años atrás; simplemente me gustaría remontarme a la época de juventud de nuestros abuelos, cuando no existía la tecnología y era inconcebible la inmediatez de la información, así como la obtención de nuevos conocimientos más allá de los libros.

Pensemos en la época en la cual nadie disponía de Internet. Entonces, la sabiduría y el conocimiento no estaría al alcance de cualquiera, solo los mejor dotados y, sobre todo, aquellos con mayor interés podrían alcanzar esa inteligencia que hoy en día viene ofrecida por Internet. Se asemejaría la sociedad de aquellos días a la sociedad ideal de Platón, en la cual sólo unos pocos tendrían acceso a los conceptos, a las ideas. Es decir, en un pasado no tan lejano, la vida pausada permitía reflexionar sobre aquello en lo que uno cree y quiere defender, aprovechando siempre el tiempo y disfrutando con la reflexión.

Centrémonos ahora en la sociedad actual, la era de la tecnología. Internet, al alcance de cualquiera, se manifiesta como una fuente de saber inmediata e inagotable. Entonces, ¿está el conocimiento al alcance de todos? Bien se podría decir que sí. Aunque la sabiduría esté también ligada al interés de cada uno en adquirir nuevos conocimientos, es indiscutible que dicho saber está al alcance de cualquiera y de forma inmediata. Se podría decir, por tanto, que la sociedad actual está perdiendo también esa constancia en el aprendizaje, al poder conseguir en cualquier momento y lugar, de forma instantánea, la información deseada.

No solo se refiere la cultura de la inmediatez al conocimiento, sino también a nuestra forma de vida en la actualidad. Todo tiene que ser resuelto de inmediato aunque no sea en verdad resuelto sino sobrevolado. La mínima atención que se presta a cada tema no permite ver más allá, es imposible llegar a conclusiones pausadas. Estas ansias de rapidez nos impiden disfrutar de los placeres de la vida, del enamoramiento por ejemplo. Volveríamos entonces a la sociedad griega en la cual imperaba el concepto de amor platónico, el amor como contemplación de la belleza en sí. Sin embargo, si no tenemos tiempo para contemplar, ¿cómo podemos amar? ¿Cómo podemos hallar placer en aquello que hacemos si solo queremos que acabe?

Todo ello hace que la población pierda ese interés por conocer, disfrutar y amar, tanto al prójimo como a ellos mismos. Quizás no seamos conscientes de ello, pero estas ansias de conseguir cualquier cosa de forma inmediata nos hacen olvidar a veces qué estamos intentando conseguir o por qué perseguimos dicho fin. Al fin y al cabo no sabemos quiénes somos ni qué motivación hemos de tener.  Erich Fromm escribe en Man for Himslef. An Inquiry into the Psychology of Ethics que “La falla de la cultura moderna estriba en que la gente no está interesada lo suficiente en su yo”. Es decir, el problema radica en que la gente no se ocupa lo suficiente de mirar por sí mismos, nadie se pregunta ahora qué quiero o qué necesito.

Muchas preguntas despiertan en mi mente acerca de este tema. Si según Platón la sociedad ideal es aquella en la cual el gobernador es el más sabio, ¿debería controlar Internet nuestra sociedad? Teniendo en cuenta que Google es la principal fuente de inmediatez, ¿podríamos decir entonces que Internet ya domina nuestras vidas? Y por último, ¿supondría la desaparición de Internet un cambio en nuestra forma de vida?

Espero que usted, lector, haya disfrutado de la lectura y no hayan predominado en su mente las ansias por acabar.

 

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