Filosofía

La felicidad como preocupación

Desde la Antigüedad el concepto de felicidad ha estado muy presente en la sociedad.

Filósofos como Aristóteles defendían que el principal objetivo del hombre era la búsqueda de la felicidad.  Pero ¿hay de verdad un método para ser feliz? ¿Entendían nuestros antepasados lo que nosotros entendemos ahora por felicidad? ¿Cómo encontramos la felicidad? Tenemos muchas dudas sobre este término y lo peor es que muchas de ellas no tienen respuesta.

En pleno siglo XXI tenemos respuesta a preguntas mucho más complejas y somos capaces de entender muchos teoremas y leyes que antes eran incomprensibles, pero es increíble que preguntas tan simples no tengan respuesta, porque nadie ha investigado sobre ello.

El ser humano siempre ha aspirado a alcanzar la felicidad, es un instinto evolutivo que ha permitido a nuestra especie sobrevivir, pero en cada momento histórico se ha entendido por felicidad algo completamente distinto

Para unos, la felicidad es sinónimo de desarrollo profesional, para otros, la felicidad depende del dinero o del amor. Asimismo, hay personas para las que ser feliz consiste en vivir con lo justo y necesario. Y en verdad, no todos entendemos la felicidad del mismo modo. La Real Academia Española, por ejemplo, recoge en su diccionario esta definición de felicidad: “estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien”, mientras que para el filósofo griego Aristóteles, ser feliz era sinónimo de autorrealizarse y, para Epicuro, la felicidad consistía en experimentar placer intelectual y físico y conseguir evitar el sufrimiento mental y físico.

La realidad es que el mundo ha crecido y evolucionado y ahora tenemos aspiraciones mucho más altas, porque no nos conformamos con poco. Quizás si preguntas a un joven de nuestra época diría que la felicidad, por ejemplo, sería tener tres kilos menos, pero si nos remontamos siglos atrás, este hecho sería una bendición. Concluimos entonces que a lo largo de la historia la felicidad no ha significado nunca lo mismo, ni nunca ha sido, como ahora, una prioridad.

Desde que el ser humano pisa la Tierra ha tratado de algún modo u otro de encontrarla. Dicen los científicos que entonces no hubiéramos podido sobrevivir. Si la mayoría de los individuos de la especie no se hubieran sentido satisfechos, se habrían autodestruido, habrían perdido interés por la procreación y, probablemente, se habrían extinguido. La felicidad es un concepto tan relativo que todos queremos encontrarla, pero no sabemos cómo.

Existe un cuento de Jorge Bucay, que explica la búsqueda de la felicidad. Este se remonta a la creación del universo cuando unos enanitos estaban encargados de esconderla. Primero crearon el universo, las constelaciones, las estrellas… para luego crear a la Tierra y al hombre. Ellos, pensaron que el hombre debía de tener una misión en su vida: ser feliz. Pero claro, eso se lo había que ganar. Se plantearon esconderla en la montaña más alta, en el océano más profundo e incluso en otro planeta, pero sabían de sobra que el humano era tan perseverante e inteligente que podía inventar algo para llegar hasta ella. Entonces decidieron esconderla en el mismo hombre, colgada del cuello, porque se pasaría toda la vida buscándola por fuera cuando la tienen tan cerca.

¿Y si este cuento tiene razón y la felicidad está en nosotros mismos? Yo eso es lo que creo.

 

Redactor del artículo
Autor: Sara
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