Hª de la Filosofía

Pequeño homenaje a pequeños filósofos

Es curiosa la sensación de fin. Es bastante llamativo, la sensación de rapidez con la que ha pasado todo. Y sin embargo, echando la vista atrás, me sorprende lo lejos que se encuentra septiembre. Pero como todo, las cosas se acaban, sin diferenciar buenas o malas, pero todo tiene un fin.

Descartes me diría que estaría engañada por fiarme de mis sensaciones, porque en verdad no es que el tiempo haya pasado más rápido o más lento, sino que ha pasado como ha tenido que pasar. Dudaría de ello, pero creo firmemente en mi sensación. Como Locke, que él mismo dice que las sensaciones son una fuente de conocimiento, pues, ¿por qué mi sensación es errónea? En nada se nos acabará esto, pero seremos “libres”, Spinoza estaría de acuerdo conmigo cuando dijese que  seré libre, porque… soy consciente de mis deseos y sé ignorar las causas que los determinan. Pero sigo pensando y me doy cuenta de qué deriva luego el sentimiento de tristeza. Un profundo sentimiento, que ahora mismo al no ser consciente totalmente de ese fin, no está tan despierto como estará en junio y tomaré ciertas decisiones en base a ello. Y es que… ¡Hume tiene razón! Son los sentimientos los que hacen que actuemos de una manera u otra… y luego será la razón la que guíe esa acción, la razón sí, la razón, eso que a veces salta cual interruptor para condicionar nuestros actos…. Y es triste saber que te vas a separar de personas que llevan casi toda la vida contigo, que te han visto crecer como tú les has visto a ellos, a unos más que a otros, que les has enseñado las cosas más idiotas, que has sido su mamá o su papá alguna vez, que les has hecho “comiditas”, que los quieres como a unos hermanos más, y aunque muchos no hayan sido como éstos especiales, todos los que han estado en mi vida desde que pisé el colegio, los otros también lo son, porque he conocido gente increíblemente parecida a mi, y con quien a pesar de tener diferencias hemos congeniado de una manera absolutamente increíble… ¿A quién me suena eso? ¡Claro! Como Hume y Rousseau, polos opuestos se atraen ¿no? Yo no sabría decir quién sería de los dos…. Me decanto más por Rousseau aunque en temas de relación social sea como Hume, pero es Rousseau a quien entiendo y corroboro cuando dice que los hombres son buenos por naturaleza pero luego se corrompen. Y es una gran verdad, porque en todos estos años he aprendido a entender cómo la gente a veces es mala, pero por suerte, como la suya, aunque lo supiese contaba con mis pequeños “Humes” que me acompañaban y me acogían en su casa cuando lo necesitaba.

Y solo quedan tres semanas para seguir aguantándoles, porque luego aunque sigamos juntos, cada persona seguirá su camino, y aunque sea lo que debe ser, es triste y será inevitable soltar alguna que otra lagrimita en el momento en que lo sepa. Pero no nos podemos quedar en nuestro pequeño hogar para siempre como ha hecho Kant en su momento… ¡Oh Kant! Que rebuscado eras amigo… bueno como yo, que le busco siempre 5 o 6 pies al gato. Pero aun siendo así, ¡cómo te entiendo ahora! Ahora si le veo sentido cuando en tu famosa KRP decías cosas como que la ética depende de la experiencia anterior y así elegimos lo que nos ha parecido bueno, y no lo que es “bueno en sí” porque… ahora mismo sabiendo lo mal que lo he pasado en todas las despedidas, entiendo porqué dices que tendemos a elegir lo bueno y no lo bueno en sí, y es que yo sé que lo bueno en sí es irse y hacer cada uno nuestra vida, pero lo bueno ahora mismo para mí es estar con ellos, porque al fin y al cabo he acabado queriéndoles y espero que alguno de ellos también me quiera, aunque solo sea un poco. ¿Se puede parecer esto un poco al Imperativo Categórico? Bueno, en cierto modo, yo les quiero tal que puedo querer que se convierta en “algo universal”, también quiero que ellos me recuerden.

Pero…. Al final todo llega, como este pequeño homenaje a mis compañeros de 2º Bach. y a los filósofos estudiados este trimestre… Y aunque nos dolerá en una pequeña cantidad el separarnos…. Según Kant, podría ser nuestro deber, y el cumplimiento del mismo tendría la recompensa de… encontrar la felicidad.

 

Redactor del artículo
Autor: Marina
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