Hª de la Filosofía

Malos tiempos, también, para el amor

El amor es la condensación de la vida. La vida es lo que transcurre entre la infancia y la despedida. Si la infancia es la etapa en la que descubrimos el mundo y en la que todo nos parece una novedad y nos contemplamos diciendo “es la primera vez que…”, la despedida es el gradual irse despidiendo del mundo.

Pero descubrimiento y despedida constituyen las dos orillas de experiencia más importante en la vida, y el cauce que separa estas orillas es el amor, que cuando aparece, hace que las dos orillas se unen íntima y mágicamente llegando a parecer una sola.

La mayor parte de los seres humanos asocia el amor a la situación que colma por completo el anhelo de felicidad y que al mismo tiempo se puede convertir en la experiencia que más hondamente nos puede hacer sufrir y puede originar en nosotros la más profunda pena llegando a dejarnos en una tristeza sin consuelo.

El amor también puede ser el fundamento de la existencia del individuo y llegar a ser la primera fuente de sentido de la vida. 

Pero los tiempos que nos está tocando vivir no son fáciles para el amor y no son fáciles porque los ataques que sufre la experiencia amorosa proceden de más de un frente:

 

  • Por un la lado el amor se banaliza y esto se hace extensible a lo que antes era una unidad integrada por sentimiento, sexualidad y proyecto de vida. Todo esto era específico del amor y proporcionaba la ilusión a los enamorados donde para ellos no podían soñar más felicidad que la de una existencia compartida.

 

En nuestra sociedad de consumo que se muestra como un gran supermercado en el que la publicidad nos dice que nosotros, los clientes, podemos encontrar por separado y a mejor precio los tres elementos (amor, sentimiento y proyecto de vida) cuando no en oferta.

La satisfacción separada de impulsos y necesidades nunca podrá proporcionar una felicidad comparable a la que proporciona el amor, de la misma forma que la mera unión de piezas no da lugar a una maquinaria.

El amor es la única instancia capaz de unir amor, sentimiento y proyecto de vida que nuestra sociedad actual se empeña en que materialicemos por separado.

 

  • Otro frente desde el que se ve atacado el amor en nuestros días es el menosprecio, la devaluación, el trato inadecuado que recibe. Esto se repite cada vez que la experiencia amorosa se toma como algo impensable y se nos invita a que abandonemos el único lugar en el que merece la pena vivir.

 

El amor es la condensación de la vida, está amasado de goce y de tormento, de asombro y de decepción, de ilusión y de miedo. Todo ello en proporciones excepcionales.

No entienden nada acerca del amor quienes se empeñan en interpretarlo como excepción, anomalía o rareza “locura transitoria”.

El amor no es lo otro de la vida. Es simplemente demasiada vida.

 

Redactor del artículo
Autor: Cova Ruano
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