Hª de la Filosofía

Un paso pendiente

A veces me sorprende cómo algunas personas defienden a capa y espada un sentimiento patriótico o individual, reivindicando la diferencia y, ¿por qué no? la superioridad.

"No nos vamos a meter a todos en el mismo saco si no somos todos iguales". Hay quien lo dice muy convencido. "Sería inútil, con una cultura distinta, con rasgos distintos, con genética distinta, con circunstancias distintas al fin y al cabo".

Sin embargo, es curioso cómo de fácil resulta a veces hacernos a todos partícipes y responsables de un logro, de un paso que alguien da y en el que nos parece lícito incluirnos. Cuando gana un equipo de fútbol, no gana, "ganamos". Del mismo modo, el primer paso de Neil Armstrong en la Luna no lo fue solo para él, sino también para la humanidad. 

Los griegos también dieron un paso hace más de dos mil años: el paso del mito al logos. Ya era hora de que alguien dejase de hacer responsable a un dios enfadado del desbordamiento de un río, o de la enfermedad de su hijo. Hoy en día nadie (o casi nadie) recurre solo a la oración cuando le ocurren estas desgracias. Gracias a esto los humanos hemos aprendido a curar casi cualquier tipo de dolencia y a prevenir  las catástrofes naturales, por eso nos hemos desarrollado al máximo como especie (con todas las consecuencias); aunque nadie se lo agradece a los griegos del primer milenio antes de Cristo, que debido a sus circunstancias -las mismas que nos diferencian a unos de otros- se vieron obligados a atracar en puertos extranjeros y a conocer a sus gentes y a sus respectivas creencias, y por tanto, a relativizar las suyas propias. 

Hoy asumimos que hemos seguido avanzando en esa dirección. De hecho, llamamos a Grecia "la cuna de nuestra civilización", la cuna en la que nació el pensamiento lógico, racional. El que daría lugar a la medicina, a la tecnología, a la astronomía, a los que hoy son el motor del mundo.

Nos enorgullecemos de ser la especie, esta vez sí, que ha tomado el control del mundo gracias al logos, a la ciencia. Asumimos también que el paso se dio hace miles de años, que ya está dado y que no se puede desandar. Pero, ¿es esto cierto? Si bien en lo científico parece evidente que se ha experimentado un avance significativo, en el ámbito de lo moral, de lo humano, no solo ese cambio no es evidente, sino que uno se puede preguntar si tan siquiera hemos empezado a darlo. Porque mientras unos buscan agua en otros planetas, otros no la encuentran en la Tierra. Porque mientras el coltán para unos es tesoro, para otros es esclavitud. Porque mientras la riqueza se concentra, la pobreza se expande.

Hemos despegado en lo científico, pero en lo ético, en lo social, seguimos anclados. El paso no se da.

 

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