Hª de la Filosofía

El divorcio de Lutero y su influencia en el pensamiento

La basílica de San Pedro en Roma: el gran proyecto arquitectónico del Renacimiento, la obra en la que participaron Bramante, Rafael o Miguel Ángel. La basílica más importante de la cristiandad y el punto álgido de la corrupción del papado. El pensamiento crítico que irrumpe con fuerza en Europa de la mano del movimiento renacentista provoca que la Iglesia fuese cuestionada. Los vicios, la corruptela y la depravación practicada por muchos de los miembros de las altas jerarquías aumentaron el malestar y la desconfianza de ciertas comunidades religiosas. 

En este contexto, la venta de indulgencias para costear la basílica vaticana se convierte en un punto clave a la hora de impulsar la reforma protestante. Martín Lutero, fraile católico alemán, publica entonces las noventa y cinco tesis en las que condenaba el abuso, la avaricia y la común práctica de vender indulgencias que caracterizaban a la Iglesia católica. Lutero no pretendía renegar de la autoridad papal en este documento, pero el desarrollo de los acontecimientos tras su publicación lo llevó a buscar la ruptura y la creación de una religión propia: el luteranismo. El fraile fue el pionero pero no el único que se reveló contra la sede romana. La reforma se extendió y surgieron nuevas religiones, entre las que se puede destacar el calvinismo y el anglicanismo. Los seguidores de ellas son conocidos como protestantes.

La Reforma Protestante supuso una verdadera revolución en la época y los cambios que surgieron de ella afectaron a diversos campos: el educativo -fomento de la escolarización en las zonas protestantes-, el político -Guerra de los treinta años-, el artístico -los países en los que triunfó el protestantismo crearon movimientos artísticos propios- o al económico. Sin embargo, donde más influyen las reformas, es en el ámbito del pensamiento. Algunos de los filósofos más destacas nacidos a partir del siglo XVII fueron educados bajo las nuevas doctrinas religiosas. Confrontados o contrarios a la fe, expusieron sus teorías. 

Es entonces, ante la multiplicidad de doctrinas y, en aquellos países donde no actuaba la Inquisición, el momento en el que surgen diversas teorías y los grandes pensadores afirman una serie de principios relacionados con la fe y con dios. Entre ellos estarían la imposibilidad de obtener conocimiento por revelación divina, ya que "la fe no puede convencernos de algo que contradiga a los dictados de la razón" dicho por Locke; el rechazo total de la existencia de dios y su reconocimiento como ateo, como hace Hume; y, por último, la idea de Kant sobre que es imposible el conocimiento científico de dios, aunque este último no llega a negar su existencia. 

Los filósofos modernos originarios de zonas europeas protestantes fueron los primeros en romper con la idea tradicional de necesitar a dios para poder entender el mundo y esto explica que los focos de pensamiento se trasladen, permitiendo avances metafísicos e innovadoras posturas ideológicas.

 

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