Hª de la Filosofía

La gran Biblioteca de Alejandría

La Biblioteca de Alejandría, fue en su época la más grande; incluso se la consideraba como un verdadero templo del saber al tener tantos manuscritos de tantas partes del mundo distintas.

Alejandro Magno fue quien fundó la ciudad de Alejandría (en el 331 a.C.) con la idea de crear una metrópoli llena de diversidad. Se cree que la biblioteca se fundó en el siglo III a.C., gracias a Ptolomeo I, quien dio lugar a lo que luego sería una gran dinastía egipcia: La Dinastía Ptolemaica. General greco-macedonio al servicio de Alejandro Magno, llegó a ser faraón gracias a que, a la muerte de su rey y general (en el 323 a.C.), fue uno de los que se vieron beneficiados de heredar una parte de su vasto Imperio.

El documento más antiguo conservado sobre la fundación de la biblioteca es la Carta de Aristeas a Filócrates, escrita en el siglo II a.C. En ella leemos que era muy usual ver a Ptolomeo I por la biblioteca para interesarse por los libros.

La biblioteca fue fundada para que las ideas y pensamientos más importantes que había escrito la humanidad no se perdieran, y poder juntarlos todos en una gran biblioteca. Ptolomeo II, sucesor de Ptolomeo I, fue quien terminó la obra ya que el primero había fallecido. Además de desempeñar el papel de biblioteca tenía otras dependencias: un centro de investigación, unos jardines, y un pequeño zoológico, además de un laboratorio. La biblioteca albergaba obras de todas las civilizaciones antiguas importantes: de Persia, India, Grecia… Pero predominaban los escritos helenísticos, naturalmente. Fueron muchos los poetas y filósofos que se ocupaban de su mantenimiento, con una dedicación total. Muchos de los directores de la biblioteca hicieron grandes aportaciones como Zenódoto de Éfeso, que estableció un orden y creó un sistema de organización de los papiros en orden alfabético. También cabe resaltar el nombre de Eratóstenes de Cirene, quien agregó multitud de escritos matemáticos, realizó el primer mapa del mundo conocido e hizo aumentar considerablemente el número de ejemplares de la biblioteca.                                                                

Los eruditos que estudiaban y corregían las obras que llegaban a Alejandría se autoclasificaron en dos grupos: por un lado estaban los filólogos, quienes estudiaban los textos y su gramática; y los filósofos, los cuales abarcaban las ramas del pensamiento y la ciencia. Entre los personajes más ilustres se encontraban el geógrafo griego Estrabón, el historiador romano Tito Livio o el poeta e historiador Marco Anneo Lucano. 

La instalación llegó a alojar 900.000 volúmenes cuando Marco Antonio le proporcionó a la faraona del momento, Cleopatra, 200.000 volúmenes más. Cuando Julio César anexionó Egipto a Roma como provincia, la modernizaron e instalaron un sistema de calefacción que hacía que los libros se mantuvieran en perfectas condiciones. Pero cuando Julio César estaba en Egipto en busca de Cneo Pompeyo, en su bienvenida lo sorprendieron presentándole su cabeza. En este momento César sintió repugnancia, lo que hizo que más tarde le fuera sencillo decantarse por aliarse con Cleopatra. Se cree que el cónsul romano ordenó incendiar los barcos que había en el puerto para evitar que cayeran el manos egipcias (en manos de Ptolomeo XIII). Otra versión defiende que pretendió incendiar parte de la flota enemiga y la zona de los puertos. En consecuencia por el viento, el fuego se avivó y alcanzó la tierra, que llegó hasta la biblioteca.

 

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